A menudo hay que quitarse valor para ganar importancia. Los detalles de cualquier biografía debieran seguir siempre a su esencia.
En este apartado se supone que irían los datos habituales: lugar y fecha de nacimiento, estudios, trabajos, gustos, estado civil, con quién paso las noches más largas, o cuántos títulos y premios he acumulado. PUES NO. Todo eso son solo detalles, accidentes, circunstancias (que diría el filósofo), paja… así en singular. Todos eso puede ser falso o inventado. Yo lo evito.
¿Qué importa realmente haber nacido en Santander o en Cuenca? ¿Cambia algo si fui churrero, oficinista o cualquier otra cosa? Amamos a las personas por su esencia, no por su oficio, su nombre o su historia superficial. El nombre mismo es un accidente: si mañana descubriéramos que no me llamo Mario, o tú no te llamas como creíamos, ¿dejaría de importar lo que sentimos dentro de nosotros y por el otro? Por eso prefiero compartir aquí lo sustancial: lo que soy, siento, practico… aquello que me mueve.
Estoy profundamente enamorado de la Vida —con mayúscula—, en su totalidad. Acepto y abrazo lo luminoso y lo oscuro, lo armónico y lo contradictorio. No se puede escoger solo las partes agradables, como quien limpia las espinas del pescado. Negar las sombras es perpetuarlas.
Consciente de que la Conciencia es precisa y preciosa, vivo como siento y amor sin miedo… aún lleno de miedos.
Creo en el Amor —también con mayúscula—, mucho más amplio que el romántico o sexual. Un Amor sin límites, que es fin de todas las distancia, aquel que supera la separación. Difícil para lo humano; pero innegociable.
Creo en la libertad: la de ser y sentir tal como cada uno es y desea. Pudiendo elegir desde la lucidez y el Destino nuestra propia vida —no la que otros esperan—, sin creer ciegamente lo que tantos nos dicen —ni siquiera estas palabras—, solo observar cómo nos sentimos ante cada idea, experiencia, realidad y ser coherentes con lo pensado, dicho y hecho.
Desde esa observación honesta surge la verdadera comprensión y la liberación de lo que nos pasa y pesa.
Haz con estas palabras lo que quieras. Mi deseo es que, al leerlas, te sientas bien, conectado con la luz y con la vida. Mil besos, salud y buena suerte.